En 2026, México enfrentará un récord histórico en el costo financiero de su deuda pública, según el Paquete Económico 2026. El gobierno mexicano planea destinar 1.57 billones de pesos al servicio de la deuda, lo que representa un aumento del 10.4% respecto al año anterior. Esta cifra significa que el 15.6% del presupuesto nacional se utilizará únicamente para pagar compromisos de deuda, equivalente a 4,307 millones de pesos diarios.
Impacto en educación y salud
La asignación de recursos evidencia un preocupante desequilibrio: mientras el 4.1% del PIB irá al pago de la deuda, solo el 2.9% será para educación y el 2.5% para salud. Este desbalance limita las inversiones en sectores clave para el desarrollo social y económico del país.
¿Una nueva deuda para pagar deuda?
El gobierno solicitó un techo de endeudamiento interno de 1.78 billones de pesos para 2026, cifra apenas superior al importe destinado al servicio de deuda. Expertos como José Luis Clavellina del CIEP y la organización México Evalúa advierten que la estrategia es similar a usar una tarjeta de crédito para pagar otra, comprometiendo la estabilidad fiscal a largo plazo.
Incumplimiento de la ‘regla de oro’ del endeudamiento
La llamada regla de oro del endeudamiento señala que la inversión física debe ser igual o mayor que la deuda contratada. Sin embargo, para 2026 solo se invertirán 960,100 millones de pesos en infraestructura y obra pública. Esto equivale a gastar apenas 61 centavos en inversión por cada peso de endeudamiento; el resto cubrirá gasto corriente, alejándose de las mejores prácticas internacionales.
¿En qué se invertirá el endeudamiento?
Aunque el endeudamiento no es nocivo por sí solo, su impacto depende del destino de los recursos. En años anteriores, el aumento de la deuda se justificó por proyectos de infraestructura, lo que elevó el déficit fiscal al 5.7% del PIB. Para 2026, se anuncia un repunte en la inversión física, con obras prioritarias bajo la administración de Claudia Sheinbaum: construcción de trenes, interconexiones del AIFA y proyectos energéticos de Pemex.
La sostenibilidad de la deuda pública mexicana dependerá del equilibrio entre gasto, inversión productiva y el impacto social de las decisiones presupuestales.







